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JerezHoy 2020

Jerez sin Frontera

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Introducción

Resulta muy difícil explicar con palabras qué es el flamenco. Menos aún, en una corta exposición por cuanto es un arte que se puede presentar desde multitud de disciplinas: la musicología, la lingüística, la fonética, la literatura, la sociología, la antropología e incluso la política. A eso debemos añadirle su diversificación en tres géneros diferentes, tales como el cante, el baile y el toque y un gran número de variantes o estilos, que bien pueden atender a zonas geográficas o variantes personales.
Decía el poeta (y es esta una breve concesión a la poética en aras de lo científico): " Al ser humano sólo le apasiona el misterio, y nada más misterioso que el cante flamenco, una voz anónima que surge entre el pueblo para quejarse con dignidad y belleza".

La frase, muy interesante, por cuanto parece que el flamenco conjuga de manera especial algo tan contradictorio como el dolor (sentimiento) y la belleza (sentido de la estética). Mas habría que precisar que nos hallamos no sólo ante una vía de expresión a solas, sino igualmente de conocimiento. Es decir, es una expresión sometida a una ciertas reglas poéticas y musicales aún cuando en su máxima expresión aspire a desligarse de la técnica que lo soporta.                                               

Una de las principales dificultades en el descubrimiento más o menos científico del flamenco, lo encontramos en la absoluta falta de información con rigor, tanto que es un arte al que se le ha prestado muy poca atención hasta hace muy pocas fechas en relación con su historia.

Así tenemos que los primeros intentos de su descripción nos vienen de escritores costumbristas, que incluían el género dentro de los elementos de una España de pandereta y bandolerismo, como el Barón Charles Davillier que en 1.862 publicó su "Viaje por España" nos habla de una tremendísima Cigarrera, llamada Candelaria que tras bailar se cargaba a tres o cuatro, por ser coloquial en este extremo. "El público embelesado le gritaba ¡vaya hembra!, ellos los andaluces tan pródigos en exclamaciones, pero la Cigarrera no tenía necesidad alguna de que la animasen, ora se retorcía para escapar de la persecución de su compañero, ora parecía provocarle, alzando y bajando alternativamente a derecha y a izquierda el filo de su traje de indiana con volantes que flotaba, dejando entrever unas enaguas blancas almidonadas y una pierna firme y nerviosa".

O la significativa obra de "Démofilo", de Antonio Machado y Alvarez, padre de los famosos escritores Antonio y Manuel Machado, que describe y analiza desde una perspectiva folclórica, recogiendo sus letras y asesorándose oralmente por un tal Juanelo de Jerez, que se dice cantaor.

Es decir, las fuentes para iniciarse en la prehistoria del flamenco son puramente orales, con lo que eso tiene de peligroso más aún en una tierra la andaluza donde el flamenco se vive como cuasi religión y donde se establecen muchísimos partidismos locales o de orgullo familiar.

Ni siquiera en su etimología hay un acuerdo:

• Teoría flandes: neerlandés flaming, color, gallardo, germano.

• Teoría morisca: Blas Infante, 740 inmigrantes árabes a los que le llamaron fellah mencus "campesinos exiliados", felah mengus, felah magu "campesino cantor".

• Flamenco: similitud con el ave palmípeda llamada flamenco y que normalmente habita en el Coto de Doñana.

Lo que sí parece describir es una cultura donde van a coexistir dos grandes elementos (aunque de esto hay muchísimas teorías), que todo parece indicar que produjeron una especie de big ban: lo andaluz y lo gitano. Ambos universos aparecen indisociables en la generación de lo jondo, que más allá de la música andaluza pero que sólo interpretan los gitanos del sur de España, por el contrario.

Comienzos

El Flamenco tal como hoy lo conocemos, comienza a gestarse a finales del s. XVIII, cuando se constata una manifestación artística que comienza a separarse de lo meramente folclórico, y es el fruto de la pervivencia y cohesión de múltiples estratos musicales, poéticos y de diversas aportaciones étnicas.

Hay que comenzar diciendo que el sur de España, donde la mitología decía que se acaba el mundo ("non plus ultra") y dónde Hércules puso las dos columnas, ha sido un solar por donde han pasado infinidad de culturas y pueblos, todos dejando un gran legado cultural, casi todo de origen orientalizante. Desde muy antiguo, Andalucía que no es ajena a las culturas de la cuenca mediterránea tiene una variadísima riqueza musical, que aún hoy pervive. En Andalucía, nada se entiende sin cantar ni bailar, en todas las reuniones sociales o familiares.

Podemos citar como la antigua y misteriosa población Tartessos ya tenía sus leyes en verso 5.000 años antes de Cristo, escritas por un rey llamado Argantonio. Al igual, que la ciudad más antigua de occidente, Gades, contaba con unas famosas bailarinas llamadas las puellae gaditanae, muy conocidas en el Imperio Romano y que eran frecuentes en sus fiestas. Lejos de pretender decir que éstas bailaran flamenco, tal como hoy lo conocemos, no es menos cierto, que en aquella antigua colonia fenicia fundada hacia 1.100 a. C. se convirtió por su emplazamiento en centro de acogida de humanos de cualquier procedencia y condición.

Era frecuente en la época que un número significativo de la fiesta romana fuera el de las gaditanas. La famosa Thelethusa y demás, tildadas de lascivas y de ejecutar un baile con fuertes contoneos, nos induce a pensar que estamos en una tierra que exporta una determinada actividad artística brillante, sin que esto podamos constatarlo como una pre-historia del baile.

Tenemos que atender ahora a las distintas estratificaciones musicales que se fueron asentando y conviviendo en Andalucía. A grandes rasgos orientalizantes.

o La configuración de la Península Ibérica se ha realizado a través de un auténtico mosaico de culturas coincidentes o superpuestas, especialmente en la zona sur.

o La mayor parte de estas culturas tenías origen oriental, que han aportado unos rasgos sensiblemente distintos al resto de la occidentalidad. (música eclesial/cortesana-música profana; gran arbitrio a la improvisación...)

o La primera cultura musical documentada pertenece a la Era Cristiana, íntimamente unida al desarrollo de la sociedad andaluza, sobre todo en las completas cantadas por todos. Sus fuentes musicales y la técnica de la música son, sin lugar a dudas oriental, por la unificación bizantina del Papa Gregorio.

o Influencia cultural de la Iglesia impresionante y todas las fórmulas melódicas, escalas, ritmos, modos y adornos melismáticos son su base esencial que confieren unas características muy peculiares. (Estamos en el medievo).

La Cultura Árabe

La llegada de la cultura árabe a la península supuso una auténtica revolución en todos los órdenes de la vida que atañe enormemente a la técnica y práctica de la música. Ellos van a encontrar un espíritu orientalizante fuertemente enraizado, siendo el período conocido como música andalusí uno de los hitos más importantes de la cultura prerrenacentista, ya que van a introducir en la Península Ibérica grandes dosis del conocimiento griego, entre ellas la música. Advertir que el tiempo de dominación árabe llega desde el 711 al 1.492, la música al igual que otros aspectos culturales van a alcanzar un altísimo nivel, mostrando un carácter profano que va a contrastar fuertemente con la mayor parte de la música medieval, esencialmente religiosa. Ejemplo de convivencia, mosaico vital: cristiano, judío y árabe. Se constatan hasta 353 títulos de obras relacionadas con la Música, algo grande si pensamos que el árabe no utiliza ningún tipo de notación musical.

Si intentamos seguir el hilo que aún persiste en la música arábigo andaluza y el flamenco, tenemos que citar:

En cuanto a la técnica: Fundamentalmente el flamenco es poesía cantada, por tanto para ser escuchada y no leída. Es una música monódica (entonada por uno o varios artistas), utilización del floreo (no silábico) y abundancia de melismas, utilizándose muchísimo la improvisación, por lo cual va a ser difícil que se repita una misma interpretación. Además de las distintas escalas modales de cada cante la escala mediterránea, frigia o andaluza descendente en modo de mi significa un rasgo de identidad. Se utilizan tonos muy difíciles de notar para la música occidental ya que depende del estado emocional.

Se recurre con frecuencias a la polirritmia (palmas, jaleos) y el acompañamiento es heterofónico, muy oriental (el instrumento conjuga perfectamente la línea de canto con adornos libres sin llegar a ser contrapunto). Transmisión oral.

En cuanto al sentido de la música: El concepto mismo de la música como vehículo no ya de unas palabras sagradas sino de unos sentimientos poéticos con un gran sentido artístico, un alto individualismo y en cierto modo de compromiso ante la vida. La segunda es la comunicación del artista con el público, es una especie de compenetración espiritual, que los árabes titulaban con el sâma y nosotros como "el duende", que no es sino una sensación intangible en la captación colectiva de un mensaje, un sentimiento o un instante inexplicable, más cerca del mundo espiritual que del sensual, o lo que es lo mismo la capacidad de alcanzar el espíritu, a través de los sentidos.

Si hemos comentado que esencialmente el flamenco es poesía cantada. Es importante señalar la creación de un gran cuerpo lírico popular español que va a tener como basamento la herencia dejada por los moriscos y judíos antes de su expulsión principalmente en tres formas: las jarchas, las moaxajas y los zéjeles. Y que según los estudiosos con una duración de casi 10 siglos, siendo un fenómeno único en la literatura universal.

A este respecto es muy interesante como la poesía flamenca es coincidente en muchos aspectos con estas formas sobre todo en las jarchas, que era una forma estrófica, normalmente de cuatro versos y octosílabas, que remataba en castellano antiguo las largas moaxajas o canciones árabes y judías. Y donde encontramos aparte de una temática similar, algunos apuntes como el empleo del diminutivo, los vocativos (o llamadas a la madre o a la compañerita) y la clara tendencia hiperbólica de las letras del flamenco "Parecen mis penas las olas del mar ó Dios mío que es esto/ que como una soguita al cuello me está ajogando".

Lo importante de esto es que las jarchas imponen un octasilabismo asonantado, métrica propia del flamenco y alma lírica de los pueblos de España y Portugal.

Los Gitanos

Infinidad de ríos de tinta ha vertido el tema de los gitanos. Incluso hoy día, es el tema candente donde terminan todas las discusiones de flamenco. Lo que sí esta claro o al menos se percibe de forma tangible, es que allí donde se alojaron las familias gitanas (provenientes todo parece indicar del Norte de la India en un largo peregrinar por dos vías: la del norte y la del sur) surgió el fenómeno de lo que entendemos como "jondo".

De hecho, hay poblaciones con un gran folclore como Arcos o Medina que apenas si han dado cantaores. El cante surge del choque de todo ese substrato andaluz con la manera de entender la vida y el ritmo de estas familias gitanas. Son unas gentes enormemente perseguidas y en todos los países donde están son unos auténticos virtuosos para la música y la asimilación del ritmo.

Aunque su estancia inicial fue muy plácida, más tarde van a ser sometidos a fuertes pragmáticas. Como ejemplos: "o se quedan en vida sedentaria o azotes y cortes de oreja", Carlos V en 1539 y este otro de Felipe II en 1560 "las galeras"; (6 años si circulan en grupos mayores de tres y la 2ª que vistieren trajes de aquella gente). Felipe II anuncia un gran prendimiento, concretamente en diciembre de 1.572. Se apresan a todos los gitanos y se les condena a galeras.

Va a ocurrir otra singularidad muy específica en la Baja Andalucía y en un contexto muy determinado, con respecto a otras colectividades de España: una fuerte conciencia del sedentarismo y una lograda convivencia con sus convecinos no gitanos.

Ellos absorben milagrosamente algunos elementos de esa tradición musical andaluza que, en modo alguno, les va a ser ajena, pues ellos también vienen del oriente, como se constata su larga permanencia en Persia o en Egipto, de hecho su nombre viene de ahí, cuando se hacen pasar por condes y duques del Egipto Menor.

Un dato muy significativo ocurre cuando ellos interpretan el rico corpus poético y literario de España, que curiosamente se va a conservar muy fresco en la memoria de las gentes andaluzas, dadas desde tiempo inmemorial a cantar y bailar.

Y es cómo, por mor de una memoria histórica aterradora, van a injertar un rajo de dolor, amargura y desolación a las letras de viejos romances y corridos, interpretándolos de manera muy diferente al resto del vulgo. Según me comentaba Luis Suárez Avila, descubridor casualmente de estas formas primitivas aprendidas de manera oral de generación en generación, el pueblo gitano "condenado y desterrado" se va a sentir de alguna manera identificado con los personajes narrativos de los viejos corridos, tal que Bernardo El Carpio (de hecho incluso muchos se van a empezar a llamar así) que hablaban de aventuras y desventuras que mucho tenían que ver con la libertad (ejemplo de romance). Ese rictus de dolor, la "historia de una lágrima duradera" que diría Félix Grande, (los gitanitos del Puerto fueron los más desgraciaos) injertada en un rico y milenario corpus poético-musical andaluz con el aditamento de un compás indescifrable, es el germen generador de una de las formas musicales más ricas de cuántas el mundo ha conocido.

Es preciso señalar, la situación de una marginalidad acuciante, donde incluso los gitanos van a convivir, como hay documentos que lo resaltan fielmente en los arrabales de las ciudades con los moriscos que quedaron e incluso los esclavos negros, que eran llevados a Cádiz, Jerez y Sevilla para luego ser transportados a las Américas y que también dejaron su poso cultural, sobre todo en los estilos rítmicos como se constata en estilos y bailes como los tangos (en el S. XVIII se hablaba en Sevilla del tango de los negros). Un consejo de la época anunciaba a las cortes, que muchos de los moriscos "se hacen pasar por gitanos.".

Siguiendo las crónicas periodísticas de la época, nos encontramos que justo en los albores de los llamado pre-flamenco se van a encontrar una infinidad de bailes y danzas nacionales y regionales, algunas con ciertos préstamos de bailes de salón, cortesanos y pastoriles, tales como la jota, la cachucha, el olé, el zapateado, la seguidilla o el fandango. Pues bien, estos bailes sufren una transformación y comienza a decirse que se bailan "a lo gitano", con grandes dosis de temperamento y contoneos. Así se demuestra desde ciertas aportaciones de Cervantes en la Gitanilla.

Tradición Oral

El cante es un fenómeno que apenas si se conoce para la generalidad, de hecho pasa casi desapercibido para los estudiosos, porque se encuentra incardinado en las vida íntima de sus protagonistas. Hombre y mujeres del pueblo que viven en un aparente apartheid, bien sea en los campos o en duros oficios como el de la fragüa, que según testimonios de los viejos, el cante servía como una especie de alimento espiritual acaso, perfectamente entronizado en sus modos de vida y como testamento oral de una memoria trágica.

Algo así sucedía en las gañanías (casas de labor en los campos) o en los duros oficios como la fragua, escuela natural de las tonás y martinetes.

Se nos presenta otro elemento diferenciador: lo íntimo, el recuerdo oral de una memoria, junto a los valores participativos y comunitarios de una colectividad que baila sus verdiales en pandas en las fiestas del pueblo.

Los últimos estudios, apoyados en testimonios orales y la discografía, bien nos ayudan a considerar - y dicho de una manera bastante superficial- que de ese viejo cuerpo de romances o corridos, se va a ir desgajando, muchas veces por amnesia u olvido, fragmentos sublimes o interesantes en formas de cuartetas, tercetos o quintetas, en lo que se ha venido a considerar el fragmentarismo del romancero de tradición oral. Que va a ir formando, creo que involuntariamente, el inmenso cuerpo de las tonás o, también considerados, como cantes sin acompañamiento, que de forma general va a ser interpretado de manera solista y acompañando las distintas labores y faenas. Estas tonás que incluyen cantes como el martinete, la carcelera o la debla van a seguir cohesionadas con una cierta forma de decirlas y cantarlas con dolor. Aún el cantaor o cantaora es alguién tremendamente anónimo que sigue, a veces, de forma inconsciente, reelaborando el material folclórico de lo que le rodea como los cantes de faena -trillera-. Seguramente al oír una de esas formas primitivas hoy nos asustaríamos por ser un cante muy elemental e incluso salmódico, con parca variedad de tonos y melismas. Lo que nosotros en el argot le llamamos muy plano.(Ejemplo, Juan Talega).

Debemos pensar, que estas familias asentadas ya algunos siglos en la cuenca del bajo Guadalquivir y siguiendo una línea imaginaria entre Sevilla y Cádiz, con eje en Jerez, y destellos en los pueblos de alrededor, llamada igualmente como el Camino Real tenían un fuerte carácter endogámico y vivían a veces en un universo aparte. (Ejemplo de la Fernanda de Utrera que tiene en sus 14 apellidos, 10 veces repetido el de Peña).

Junto a estas primitivas formas cantaoras, que no cantoras, comienzan balbuceantes formas como la siguiriya y la soleá, en viejas manifestaciones muy salmódicas y planas como la caña y el polo, con marcado carácter litúrgico, que hoy se finalizan con una soleá, preferiblemente la grande de Triana.

Manifestaciones que están dotadas de un complejo sistemas rítmico mixto o de amalgama de doce tiempos (3x4 + 6x8 y viceversa) que contrastan fuertemente con el compás simple de formas folclóricas como el fandango (compás ternario 3x4) que después, como veremos, van a sufrir un proceso de aflamencamiento. Junto a estos balbuceantes estilos van a aparecer los tangos, que tendrán una especial relación con los elementos africanos y americanos. Porque no debemos olvidar que en el mosaico de razas y culturas se va a sumar el intenso tráfico de personas y músicas con el continente hermano.

Las siguiriyas más antiguas, como las trianeras, tienen una gran vinculación con las tonás. Tal es el caso que encontramos algunas letras como la siguiriya atribuida al Planeta "A la luna le pío/la del alto cielo".

Esta seguiriya la encontramos igualmente como toná, si no fuera por la incorporación de la guitarra como instrumento acompañador y una extrañísima transformación de su tercer verso en once sílabas (también llamado como "verso quebrado"). La siguiriya es la queja sin más, el drama humano, el hombre sólo ante su destino.

La soleá va a seguir un camino más lento pero mucho más fructífero a larga. Las más antiguas parecen proceder de las formas inmemoriales de cuartetas octosílabas asonantadas que se cantaban asociadas al baile, como el jaleo, y sufren una ralentización en sus compases.

Las primeras muestras que aparecen en Cádiz y Triana son de tres versos, mucho más elementales que las de cuatro que aparecen más tarde.

Aunque bien es verdad, que estas formas musicales y poéticas siguen un largo peregrinar en su formación (desconfíen de fechas exactas en esto de la generación de estilos), va a ocurrir algo trascendental para la plena configuración y cuadratura de las formas flamencas, llamadas estilos o palos, el flamenco va a salir de sus núcleos herméticos y reservados para darse a conocer al público más o menos mayoritario, que pronto muy pronto se va a sentir deslumbrado por una forma artística excepcional.

Los cafés cantantes. Edad de Oro del Flamenco

Y comienza una fuerte demanda que impulsa o bien a crear escenarios propios para el flamenco como los Cafés Cantantes o ha incluir el género junto a otras piezas musicales de variedad, con lo que el cantaor o cantaora se va a convertir en profesional de su música.

Lo que tiene de pronto dos consecuencias: por un lado la necesidad de ampliar el repertorio, de estilizarlo con lo que se abre el abanico de formas y, por la otra, la entrada en una fuerte competencia con otros cantaores lo que lleva a buscar variaciones sobre lo que cantan los demás.

Esta época cabe cifrarla en los finales del XIX y principios del XX, hasta los años 20 aproximadamente. Otra consecuencia colateral que se va a establecer es que los cantaores marchan hacia las capitales donde son requeridos y donde hay dinero y público para pagar sus actuaciones, como Sevilla, e inconscientemente van a intercambiar formas, modos y giros. Hay, no en vano, quien ha llamado esta época como la Edad de Oro del Flamenco, que va a conocer ya las primeras grabaciones discográficas, en un principio en cilindros de cera gracias al invento de Edison y, más tarde, en discos monofaciales de pizarra.

En esta época de ritmos o estilos básicos o bases, van a sufrir variaciones, bien melódicas o bien rítmicas, como es el caso del paso de la siguiriya a las cabales o de la soleá a la bulería por soleá o de los tangos a los tientos, absorbiendo incluso formas folclóricas que van a encontrar acomodo en los patrones rítmicos señalados, sobre todo, de la soleá (bamberas, bulerías, alegrías y todo el rico cuerpo de cantiñas donde se incluyen los caracoles, el mirabrás o las romeras) o en los tangos (donde aparecen canciones del Norte como la farruca, el garrotín; marianas y muchos de los estilos denominados como de ida y vuelta).

El proceso de aflamencamiento del fólclore andaluz se va a centrar principalmente en el fandango.

Estos aires en compás de 3x4 o ternarios que llevan desde el sur de Portugal hasta prácticamente la frontera con Francia y de origen bailables, van a ser individualizados y ralentizados, dando lugar a una infinitud de formas que nos llevan a variedades comarcales, tales que los fandangos de Huelva o los verdiales de Málaga, hasta auténticas creaciones como las de Malagueñas, Granaínas, Medias Granaínas, y el cuerpo de las tarantas o cantes mineros donde de nuevo se une la riqueza folclórica y melódica con ciertos giros graves y trágicos, producidos por la especial dureza del trabajo en la mina y la incertidumbre de un "no sé si volveré".

Muy pocas variaciones se han producido desde entonces, a pesar de lo denominado como nuevo flamenco.

La Ópera Flamenca

Más tarde, tras la guerra civil española de 1.936, el flamenco se hace demasiado espectáculo en detrimento de su pureza, y pronto van a surgir compañías y trupés que van buscando la diversión del público. Es la etapa conocida como de la Opera Flamenca, donde a menudo van a surgir porfías de ver que cantaor o cantaora tiene mayor capacidad pulmonar y el flamenco se mixtifica con otros géneros de la España Cañí o de pandereta. Se instaura el reinado casi absoluto del fandango y los estilos de ida y vuelta en detrimento de estilos verdaderamente jondos como la soleá o la siguiriya, por no querer citar al martinete que de nuevo van a vivir una vida paralela en los hogares gitanos. Se introducen elementos como la orquesta y el teatro. Es la época de Marchena o Valderrama.

LOS AÑOS 50 - LA RESTAURACIÓN O REVALORIZACIÓN

Afortunadamente para el Cante, allá por los 50 llega una especie de renacimiento de las formas clásicas, gracias entre otras cosas a un primer afán de investigar con rigor, el cante entra en las universidades, se crean las primeras cátedras de flamencología, se publican los primeros ensayos, se editan las primeras antologías discográficas (Hispavox, 1.954) y se dan citas una serie de cantaores preocupados por la investigación y el rescate de viejos cantes en vías de extinción, como es el caso de Antonio Mairena, que además utiliza su fuerza para que graben algunos viejos que nos han dejado testimonios indescriptibles, tales como Juan Talega, La Piriñaca o El Perrate de Utrera. A esta época llamada de la restauración o revalorización, que quizás quiso encerrar el cante en unas gruesas rejas de bronce le sigue desde los años 70 aproximadamente.

Papel decisivo el de los guitarristas Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar que extienden sus conceptos musicales hacia horizontes universales, la época del nuevo flamenco, un auténtico cajón de sastres que insiste en su vocación de mestizaje y su apertura a nuevas músicas, a veces alejado de su verdadera esencia y sentido de ser, esa que alojó en las gargantas los temblores de la tierra y nació algún día para que el ser humano se pudiera quejar con dignidad y con belleza.